viernes, 25 de mayo de 2018

Texto Diario viernes, 25 de mayo de 2018 En proporción al don que cada uno haya recibido, úsenlo al ministrarse unos a otros (1 Ped. 4:10).

Texto Diario viernes, 25 de mayo de 2018

En proporción al don que cada uno haya recibido, úsenlo al ministrarse unos a otros (1 Ped. 4:10).
Jehová nos ha mostrado bondad inmerecida y nos concede dones, capacidades o talentos, que podemos usar para darle gloria y ayudar a otros (Rom. 12:4-8). La tarea que Dios nos ha asignado conlleva dignidad, confianza y responsabilidad. Ahora bien, nuestro papel en la organización de Dios puede cambiar con el tiempo. Pensemos en el caso de Jesús. Al principio, estaba a solas con Jehová (Prov. 8:22). Más tarde, ayudó a crear a los demás seres espirituales, el universo y, finalmente, a los humanos (Col. 1:16). Muchos años después, Jesús asumió un nuevo papel en la Tierra, primero como un bebé indefenso y luego como un adulto (Filip. 2:7). Cuando dio su vida en sacrificio, regresó al cielo y se convirtió en el Rey del Reino de Dios en 1914 (Heb. 2:9). Y al final de su Reinado de Mil Años, entregará el Reino a Jehová para que él “sea todas las cosas para con todos” (1 Cor. 15:28). w17.01 3:11, 12

(1 Pedro 4:10)  En proporción al don que cada uno haya recibido, úsenlo al ministrarse unos a otros como excelentes mayordomos de la bondad inmerecida de Dios expresada de diversas maneras.
(Romanos 12:4-8)  Porque así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, pero los miembros no tienen todos la misma función, 5 así nosotros, aunque muchos, somos un solo cuerpo en unión con Cristo, pero miembros que pertenecemos individualmente unos a otros. 6 Entonces, puesto que tenemos dones que difieren según la bondad inmerecida que se nos ha dado, si es profecía, [profeticemos] según la proporción de fe que se [nos] haya dado; 7 o un ministerio, [ocupémonos] en este ministerio; o el que enseña, [ocúpese] en su enseñanza; 8 o el que exhorta, [ocúpese] en su exhortación; el que distribuye, [hágalo] con liberalidad; el que preside, [hágalo] con verdadera solicitud; el que muestra misericordia, [hágalo] con alegría.
(Proverbios 8:22)  ”Jehová mismo me produjo como el principio de su camino, el más temprano de sus logros de mucho tiempo atrás.
(Colosenses 1:16)  porque por medio de él todas las [otras] cosas fueron creadas en los cielos y sobre la tierra, las cosas visibles y las cosas invisibles, no importa que sean tronos, o señoríos, o gobiernos, o autoridades. Todas las [otras] cosas han sido creadas mediante él y para él.
(Filipenses 2:7)  No; antes bien, se despojó a sí mismo y tomó la forma de un esclavo y llegó a estar en la semejanza de los hombres.
(Hebreos 2:9)  pero contemplamos a Jesús, que había sido hecho un poco inferior a los ángeles, coronado de gloria y honra por haber sufrido la muerte, para que por la bondad inmerecida de Dios gustase la muerte por todo [hombre].
(1 Corintios 15:28)  Pero cuando todas las cosas le hayan sido sujetadas, entonces el Hijo mismo también se sujetará a Aquel que le sujetó todas las cosas, para que Dios sea todas las cosas para con todos.


11. ¿Qué debemos reconocer para ser modestos?
11 Para ser modestos, tenemos que reconocer cuál es nuestro lugar en la organización de Dios. Él es un Dios de orden, y nos da a todos un lugar o papel en su pueblo. La función que cada uno tiene en la congregación es única, pero todos somos necesarios. Jehová nos ha mostrado bondad inmerecida y nos concede dones, capacidades o talentos, que podemos usar para darle gloria y ayudar a otros (Rom. 12:4-8). La tarea que Dios nos ha asignado conlleva dignidad, confianza y responsabilidad (lea 1 Pedro 4:10).
¿Cómo podemos imitar a Jesús cuando recibimos un cambio de asignación? (Vea los párrafos 12 a 14).
12, 13. ¿Por qué no sería extraño si de vez en cuando cambia nuestro lugar en la organización de Dios?
12 Ahora bien, nuestro papel en la organización de Dios puede cambiar con el tiempo. Pensemos en el caso de Jesús. Al principio, estaba a solas con Jehová (Prov. 8:22). Más tarde, ayudó a crear a los demás seres espirituales, el universo y, finalmente, a los humanos (Col. 1:16). Muchos años después, Jesús asumió un nuevo papel en la Tierra, primero como un bebé indefenso y luego como un adulto (Filip. 2:7). Cuando dio su vida en sacrificio, regresó al cielo y se convirtió en el Rey del Reino de Dios en 1914 (Heb. 2:9). Y esta no será la última asignación que reciba. Al final de su Reinado de Mil Años, entregará el Reino a Jehová para que él “sea todas las cosas para con todos” (1 Cor. 15:28).

Macpela.

Macpela.
casa de los patriarcas.

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