martes, 12 de junio de 2018

Miércoles 13 de junio La mano de Jehová no se ha acortado demasiado (Is. 59:1).

Miércoles 13 de junio

La mano de Jehová no se ha acortado demasiado (Is. 59:1).
Poco después de su milagrosa liberación de la esclavitud en Egipto, Israel sufrió el ataque de Amaleq. Josué siguió las instrucciones de Moisés y con valor dirigió al pueblo en la batalla. Mientras tanto, Moisés fue con Aarón y Hur a la ladera de una colina cercana, desde donde podían ver el campo de batalla. Moisés puso en marcha un plan que resultó crucial para la victoria. Levantó al cielo las manos y la vara del Dios verdadero. Mientras estaba en esta posición, Jehová ayudaba a su pueblo y este superaba a los amalequitas. Pero, cuando a Moisés le pesaban los brazos y los dejaba caer, Amaleq empezaba a dominar la batalla. Aarón y Hur actuaron con rapidez: “Tomaron una piedra y se la pusieron debajo, y él se sentó sobre ella; y Aarón y Hur le sostenían las manos, uno de este lado y el otro de aquel lado, de modo que sus manos se mantuvieron firmes hasta que se puso el sol”. Los israelitas ganaron la batalla gracias a la poderosa mano de Dios (Éx. 17:8-13). w16.09 1:5-7

(Isaías 59:1) ¡Miren! La mano de Jehová no se ha acortado demasiado, de modo que no pueda salvar, ni se ha hecho su oído demasiado pesado, de modo que no pueda oír.
(Éxodo 17:8-13)  Y los amalequitas procedieron a venir y a pelear contra Israel en Refidim. 9 Ante esto, Moisés dijo a Josué: “Escógenos hombres y sal tú, pelea contra los amalequitas. Mañana voy a apostarme sobre la cima de la colina, con la vara del Dios [verdadero] en la mano”. 10 Entonces hizo Josué tal como le había dicho Moisés, a fin de pelear contra los amalequitas; y Moisés, Aarón y Hur subieron a la cima de la colina. 11 Y ocurría que tan pronto como Moisés alzaba la mano, los israelitas resultaban superiores; pero tan pronto como dejaba bajar la mano, los amalequitas resultaban superiores. 12 Cuando las manos de Moisés se hicieron pesadas, entonces tomaron una piedra y se la pusieron debajo, y él se sentó sobre ella; y Aarón y Hur le sostenían las manos, uno de este lado y el otro de aquel lado, de modo que sus manos se mantuvieron firmes hasta que se puso el sol. 13 Por lo tanto Josué venció a Amaleq y su pueblo a filo de espada.


5. a) ¿Qué podría ocurrirnos cuando tenemos problemas, pero qué debemos recordar? b) ¿Qué vamos a analizar?
5 (Lea Sofonías 3:16, 17). En lugar de dejar caer las manos, es decir, ceder al miedo y al desánimo, aceptemos la invitación que nos hace nuestro cariñoso Padre, Jehová, de arrojar sobre él todas nuestras inquietudes (1 Ped. 5:7). Podemos tomarnos muy en serio lo que Dios les dijo a los israelitas, que su poderosa mano no se había acortado, de modo que no pudiera salvar a sus siervos leales (Is. 59:1). Analicemos tres ejemplos sobresalientes de la Biblia que demuestran que Jehová quiere y puede dar a su pueblo las fuerzas necesarias para hacer su voluntad cuando las dificultades parecen insuperables, y veamos cómo nos animan.
6, 7. ¿Qué importantes lecciones podemos aprender de la victoria de Israel sobre los amalequitas?
Poco después de su milagrosa liberación de la esclavitud en Egipto, Israel sufrió el ataque de Amaleq. Josué siguió las instrucciones de Moisés y con valor dirigió al pueblo en la batalla. Mientras tanto, Moisés fue con Aarón y Hur a la ladera de una colina cercana, desde donde podían ver el campo de batalla. ¿Huían porque tenían miedo? Por supuesto que no.
Moisés puso en marcha un plan que resultó crucial para la victoria. Levantó al cielo las manos y la vara del Dios verdadero. Mientras estaba en esta posición, Jehová ayudaba a su pueblo y este superaba a los amalequitas. Pero, cuando a Moisés le pesaban los brazos y los dejaba caer, Amaleq empezaba a dominar la batalla. Aarón y Hur actuaron con rapidez: “Tomaron una piedra y se la pusieron debajo, y él se sentó sobre ella; y Aarón y Hur le sostenían las manos, uno de este lado y el otro de aquel lado, de modo que sus manos se mantuvieron firmes hasta que se puso el sol”. Los israelitas ganaron la batalla gracias a la poderosa mano de Dios (Éx. 17:8-13).

Macpela.

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