viernes, 1 de junio de 2018

Texto Diario viernes, 1 de junio de 2018 Tengo que ofrecer a ese como ofrenda quemada (Juec. 11:31).

Texto Diario viernes, 1 de junio de 2018

Tengo que ofrecer a ese como ofrenda quemada (Juec. 11:31).
Jefté no tenía más hijos: ella era su única esperanza de que alguien heredara su nombre y sus posesiones (Juec. 11:34). A pesar de todo, Jefté dijo: “He abierto mi boca a Jehová, y no puedo volverme atrás” (Juec. 11:35). Demostró tener fe aunque tuvo que pagar un precio muy alto, y Jehová lo bendijo por ello. ¿Habría tomado usted la misma decisión? Cuando dedicamos nuestra vida a Jehová, le hicimos un voto. Le prometimos que, sin importar lo que pasara, siempre haríamos su voluntad. Y sabíamos que eso supondría hacer sacrificios. Ahora bien, nuestro deseo de obedecer a Jehová se pone a prueba especialmente cuando se nos pide hacer algo que no nos gusta. Pero si hacemos sacrificios y servimos a Dios aunque no sea fácil, demostraremos que tenemos fe. Las bendiciones siempre serán mucho mayores que cualquier sacrificio que hagamos, por muy doloroso que sea (Mal. 3:10). w16.04 1:11, 14, 15

(Jueces 11:31)  entonces tiene que suceder que el que venga saliendo, que salga de las puertas de mi casa a mi encuentro cuando yo vuelva en paz de los hijos de Ammón, tiene que llegar a ser entonces de Jehová, y tengo que ofrecer a ese como ofrenda quemada”.
(Jueces 11:34)  Por fin Jefté vino a Mizpá, a su casa, y, ¡mire!, ¡su hija salía a su encuentro con toque de panderetas y baile! Ahora bien, ella era absolutamente la única hija. Además de ella, él no tenía ni hijo ni hija.
(Jueces 11:35)  Y aconteció que, cuando él alcanzó a verla, empezó a rasgar sus prendas de vestir y a decir: “¡Ay, hija mía! Realmente has hecho que me doble, y tú misma has llegado a ser la que yo estuve obligando a extrañamiento. Y yo... yo he abierto mi boca a Jehová, y no puedo volverme atrás”.
(Malaquías 3:10)  Traigan todas las décimas partes al almacén, para que llegue a haber alimento en mi casa; y pruébenme, por favor, en cuanto a esto —ha dicho Jehová de los ejércitos—, a ver si no les abro las compuertas de los cielos y realmente vacío sobre ustedes una bendición hasta que no haya más carencia.”


11, 12. a) ¿Qué promesa hizo Jefté? b) ¿Qué tendría que hacer para cumplir esa promesa?
11 Jefté sabía que necesitaba la ayuda de Jehová para liberar a Israel de los ammonitas. Le prometió que, si le daba la victoria, entregaría “como ofrenda quemada” a la primera persona que saliera a recibirlo al volver de la batalla (Juec. 11:30, 31). ¿Qué tendría que hacer para cumplir esa promesa?


14 Una vez más, los principios de la Ley de Dios seguramente lo ayudaron a tomar la decisión correcta. Tal vez recordó las palabras de Éxodo 23:19, que decían que el pueblo de Dios debía estar dispuesto a dar lo mejor a Jehová. La Ley también mandaba cumplir los votos o promesas: “En caso de que un hombre haga un voto a Jehová [...], no debe violar su palabra. Conforme a todo lo que haya salido de su boca debe hacer” (Núm. 30:2). Igual que Ana, quien probablemente vivió en la misma época, Jefté tenía que cumplir su palabra, aunque sabía lo que eso significaría para él y para su hija. Él no tenía más hijos: ella era su única esperanza de que alguien heredara su nombre y sus posesiones (Juec. 11:34). A pesar de todo, Jefté dijo: “He abierto mi boca a Jehová, y no puedo volverme atrás” (Juec. 11:35). Demostró tener fe aunque tuvo que pagar un precio muy alto, y Jehová lo bendijo por ello. ¿Habría tomado usted la misma decisión?
15. a) ¿Qué promesa hicimos cuando nos dedicamos a Jehová? b) ¿Cómo podemos demostrar que tenemos fe?
15 Cuando dedicamos nuestra vida a Jehová, le hicimos un voto. Le prometimos que, sin importar lo que pasara, siempre haríamos su voluntad. Y sabíamos que eso supondría hacer sacrificios. Ahora bien, nuestro deseo de obedecer a Jehová se pone a prueba especialmente cuando se nos pide hacer algo que no nos gusta. Pero si hacemos sacrificios y servimos a Dios aunque no sea fácil, demostraremos que tenemos fe. Las bendiciones siempre serán mucho mayores que cualquier sacrificio que hagamos, por muy doloroso que sea (Mal. 3:10). Ahora volvamos a la historia de Jefté. ¿Qué pasó con su hija?

Macpela.

Macpela.
casa de los patriarcas.

Archivo del blog

Datos personales

Mi foto
Jehová es mi pastor y nada me faltara.