domingo, 8 de julio de 2018

Jehová ama a los que “llevan fruto con aguante” “En cuanto a lo que está en la tierra excelente, estos son los que [...] llevan fruto con aguante” (LUC. 8:15).

Sergio y Olinda ofrecen publicaciones bíblicas a las personas cerca de una parada de autobús

Jehová ama a los que “llevan fruto con aguante”

“En cuanto a lo que está en la tierra excelente, estos son los que [...] llevan fruto con aguante” (LUC. 8:15).
CANCIONES: 68, 72
CANCIÓN 68

Sembremos semillas del Reino

(Mateo 13:4-8)
  1. 1.Sembremos semillas del Reino,
    es nuestro sagrado deber.
    Sigamos las huellas del Amo,
    hay mucha labor por hacer.
    Plantemos semillas de la verdad,
    reguemos con fidelidad;
    si logran caer en un buen corazón,
    de seguro su fruto darán.
  2. 2.El éxito de tu trabajo
    en parte depende de ti.
    Si alguien humilde te oye,
    enséñale cómo vivir.
    Presiones y dudas le surgirán;
    ayuda le debes prestar.
    Si logras que brote con fuerza su fe,
    sentirás alegría sin par.
(Vea también Mat. 13:19-23; 22:37).
CANCIÓN 72

Anunciaré la verdad del Reino

(Hechos 20:20, 21)
  1. 1.Un día de felicidad,
    salí de la oscuridad.
    Del error Dios me libró,
    y su verdad me libertó.
    Al aprender su voluntad
    y cultivar su amistad,
    decidí glorificar
    el santo nombre de mi Dios, Jehová.
    Con ilusión predicaré
    a todo hombre y mujer.
    Así la luz verán brillar
    y libertad también tendrán.
    Anunciaré sin descansar
    las buenas nuevas de Jehová,
    y mi voz escucharán
    en tanto Dios no diga: “Basta ya”.
(Vea también Jos. 9:9; Is. 24:15; Juan 8:12, 32).
1, 2. a) ¿Cómo nos hace sentir el ejemplo de los que predican fielmente en territorios poco productivos, y por qué? (Vea la foto del principio). b) ¿Qué dijo Jesús sobre predicar “en su propio territorio”? (Vea la nota).
SERGIO Y OLINDA son un matrimonio de precursores de más de 80 años de edad que viven en Estados Unidos. Últimamente, como les duelen las piernas, caminan con más dificultad. Pese a ello, a las siete de la mañana, llegan a una plaza muy concurrida de su ciudad, se colocan cerca de una parada de autobús y comienzan a ofrecerles las publicaciones bíblicas a las personas. Llevan décadas haciendo esto. La mayoría de la gente no les hace caso, pero ellos siguen en su puesto, sonriendo a quienes los miran. Cuando dan las doce, regresan despacito a su casa. A la mañana siguiente, estarán de vuelta a las siete en punto. Estos hermanos predican el mensaje del Reino en ese lugar seis días a la semana durante todo el año.
Igual que ellos, muchos fieles cristianos de todo el mundo llevan décadas viviendo en territorios en los que muy pocas personas aceptan el mensaje. Si este es su caso, lo felicitamos por su aguante.* Su ejemplo anima a muchos otros siervos de Dios, incluso a los que tienen años de experiencia. Por ejemplo, fíjese en los comentarios que han hecho algunos superintendentes de circuito: “Cuando predico con estos fieles hermanos, su ejemplo me fortalece”, “su fidelidad me anima a perseverar con valor en la predicación” y “su ejemplo me llega a lo más hondo”.
3. ¿Qué tres preguntas analizaremos, y por qué?
En este artículo, analizaremos estas tres preguntas: ¿Qué puede hacer que a veces nos desanimemos? ¿Cómo podemos producir fruto? ¿Qué nos ayudará a seguir dando fruto con aguante? Las respuestas nos motivarán a terminar la obra que Jesús nos mandó hacer.

QUÉ PUEDE HACER QUE NOS DESANIMEMOS

4. a) ¿Qué efecto tuvo en Pablo el que la mayoría de los judíos rechazara el cristianismo? b) ¿Por qué se sintió así?
Predicar en un territorio donde casi nadie escucha el mensaje del Reino puede ser desalentador. Si a usted le ha pasado esto, seguro que entiende cómo se sintió el apóstol Pablo. Durante su ministerio, que más o menos duró treinta años, ayudó a gran cantidad de personas a aceptar el cristianismo (Hech. 14:21; 2 Cor. 3:2, 3). Pero no logró que muchos judíos se hicieran cristianos. De hecho, la mayoría rechazó a Pablo y algunos hasta lo persiguieron (Hech. 14:19; 17:1, 4, 5, 13). Él reconoció con franqueza que esa reacción tan negativa lo afectó mucho. Dijo: “Tengo gran desconsuelo e incesante dolor en mi corazón” (Rom. 9:1-3). ¿Por qué se sintió así? Porque amaba la predicación y también amaba a las personas. Se preocupaba de corazón por los judíos, y por eso le dolía tanto ver que rechazaban la misericordia de Dios.
5. a) ¿Qué nos motiva a predicar? b) ¿Por qué es lógico que a veces nos sintamos desanimados?
Como Pablo, predicamos porque nos preocupamos de todo corazón por la gente (Mat. 22:39; 1 Cor. 11:1). Sabemos por experiencia que servir a Jehová es lo mejor que podemos hacer en la vida. Ese es el motivo por el que nos gustaría que las personas que viven en nuestro territorio se dieran cuenta de lo que se están perdiendo. Por ello, no dejamos de hablarles de la verdad sobre Jehová y su propósito para la humanidad. Ese mensaje es como un regalo que les llevamos y les pedimos que acepten. Cuando lo rechazan, es lógico que nos duela, igual que a Pablo. ¿Por qué nos sentimos así? No es porque nos falta fe, sino porque amamos la predicación y también amamos a las personas. Y debido a ello seguimos predicando aunque a veces estemos desanimados. Una hermana llamada Elena, que lleva veinticinco años siendo precursora, dice: “No me resulta fácil predicar, pero estoy segura de que es la mejor obra que puedo hacer”. ¿Verdad que muchos pensamos lo mismo?

CÓMO PODEMOS PRODUCIR FRUTO

6. ¿Qué cuestión analizaremos?
Sin importar cómo sea el territorio donde predicamos, podemos producir fruto. ¿Por qué estamos tan seguros? Para responder a esta importante cuestión, vamos a examinar dos pasajes en los que Jesús habló acerca de la necesidad de dar fruto (Mat. 13:23). El primero de ellos trata sobre una vid.
7. a) ¿A quiénes representan el cultivador, la vid y las ramas? b) ¿Qué pregunta necesitamos responder?
(Lea Juan 15:1-5, 8). Jesús mismo explicó que él es “la vid verdadera”, su Padre es “el cultivador” y sus discípulos son “los sarmientos” o ramas. Luego, les dijo a los apóstoles: “Mi Padre es glorificado en esto, que ustedes sigan llevando mucho fruto y demuestren ser mis discípulos”.* Entonces, ¿qué significa llevar o producir fruto? En esta ocasión, Jesús no explicó qué representa el fruto, pero sí dio un dato importante que nos ayuda a saberlo.
8. a) ¿Por qué sabemos que dar fruto no puede significar hacer discípulos? b) ¿Qué caracteriza a los requisitos de Dios?
Jesús dijo lo siguiente con relación a su Padre: “Todo sarmiento en mí que no lleva fruto,él lo quita”. En otras palabras, para que Jehová nos considere sus siervos, tenemos que producir fruto (Mat. 13:23; 21:43). Por lo tanto, en este pasaje, dar fruto no puede significar hacer discípulos (Mat. 28:19). ¿Por qué no? Porque eso significaría que los hermanos fieles que no logran hacer discípulos porque predican en territorios poco productivos serían como las ramas inútiles de las que habló Jesús. Pero eso es impensable, pues no podemos obligar a la gente a aceptar el mensaje. Además, Jehová nos ama y nunca nos rechazaría por no lograr algo que está fuera de nuestro alcance. Él no nos pide hacer cosas imposibles (Deut. 30:11-14).
9. a) ¿En qué obra debemos participar para producir fruto? b) ¿Qué parábola vamos a analizar, y por qué?
Entonces, ¿qué es el fruto que debemos producir? Sin duda, debe ser algo que todos podemos llevar a cabo. ¿Y qué obra nos ha mandado Jehová a todos sus siervos? La predicación del mensaje del Reino (Mat. 24:14).* Esta conclusión la confirma la parábola de Jesús sobre el sembrador. Vamos a analizarla.
10. a) ¿Qué representan la semilla y la tierra en la parábola del sembrador? b) ¿Qué fruto da la planta del trigo?
10 (Lea Lucas 8:5-8, 11-15). En la parábola del sembrador, la semilla es “la palabra de Dios”, o sea, el mensaje del Reino. La tierra representa el corazón simbólico de las personas. La semilla que cayó en la tierra buena echó raíces y se convirtió en una nueva planta, por ejemplo, una de trigo. Luego, produjo cien veces más fruto. Pero ¿qué fruto da la planta del trigo? ¿Plantas más pequeñas? No, lo que produce son nuevas semillas, que con el tiempo llegan a ser nuevas plantas. En esta parábola, una sola semilla produce cien semillas. ¿Qué relación tiene esto con nuestro ministerio?
Una hermana produce fruto con aguante al predicar por teléfono, ir de casa en casa, dar testimonio informal y participar en la predicación pública
¿Cómo producimos “fruto con aguante”? (Vea el párrafo 11).
11. a) ¿Qué relación tiene la parábola del sembrador con nuestro ministerio? b) ¿Cómo producimos nuevas semillas del Reino?
11 Supongamos que hace algunos años nuestros padres o unos Testigos nos enseñaron la verdad. Cuánto se alegraron al ver que aceptábamos el mensaje del Reino. Se puede decir que sembraron la semilla en una tierra buena. La semilla siguió creciendo hasta que estuvo lista para producir fruto. ¿Cuál? Así como una planta produce nuevas semillas, no nuevas plantas, nosotros producimos nuevas semillas del Reino, no nuevos discípulos.* ¿Cómo las producimos? Al predicar el Reino. Cada vez que de una forma u otra proclamamos este mensaje, es como si esparciéramos el mismo tipo de semilla que se plantó en nuestro corazón (Luc. 6:45; 8:1). Por lo tanto, esta parábola nos enseña que daremos fruto con aguante siempre que sigamos predicando.
12. a) ¿Qué aprendemos de estos dos pasajes sobre la vid y el sembrador? b) ¿Qué efecto tiene esto en usted?
12 ¿Qué aprendemos de estos dos pasajes sobre la vid y el sembrador? Que nuestra capacidad para producir fruto no depende de cómo responda la gente del territorio, sino de nuestra fidelidad. Pablo señaló esto mismo al decir: “Cada persona recibirá su propio galardón según su propia labor” (1 Cor. 3:8). Como vemos, se nos recompensa por nuestro trabajo, no por los resultados. Una hermana llamada Matilda, que lleva veinte años sirviendo de precursora, dice: “Me alegra saber que Jehová premia nuestros esfuerzos”.

CÓMO PODEMOS SEGUIR PRODUCIENDO FRUTO

13, 14. Según Romanos 10:1, 2, ¿por qué motivos continuó predicando Pablo a los que rechazaban el mensaje del Reino?
13 ¿Qué nos ayudará a seguir produciendo fruto? Ya hemos visto cómo le hizo sentir a Pablo el que la mayoría de los judíos rechazara el mensaje del Reino. Pero nunca se dio por vencido. Fijémonos en lo que tiempo después explicó en su carta a los cristianos de Roma sobre lo que sentía por los judíos. Dijo: “La buena voluntad de mi corazón y mi ruego a Dios por ellos son, en realidad, para su salvación. Porque les doy testimonio de que tienen celo por Dios; mas no conforme a conocimiento exacto” (Rom. 10:1, 2). ¿Por qué siguió predicándoles?
14 Primero, explicó que lo hacía motivado por la buena voluntad de su corazón, es decir, porque deseaba de corazón que algunos judíos lograran la salvación (Rom. 11:13, 14). Segundo, señaló que le rogaba a Dios que ayudara a ciertos judíos a aceptar el mensaje del Reino. Y, tercero, añadió: “Tienen celo por Dios”. Pablo veía lo mejor de cada persona. Y él mismo sabía muy bien que el celo bien dirigido podía convertir a una persona sincera en un cristiano entusiasta.
15. ¿Cómo podemos seguir el ejemplo de Pablo? Mencione lo que hacen algunos hermanos.
15 ¿Cómo podemos seguir el ejemplo de Pablo? Primero, tratemos de conservar en el corazón el deseo de encontrar a quienes están “correctamente dispuestos para vida eterna”. Segundo, roguémosle a Jehová que abra el corazón de las personas sinceras (Hech. 13:48; 16:14). Silvana, que es precursora desde hace casi treinta años, dice: “Antes de llamar a las puertas, le pido a Jehová que me ayude a ser positiva”. Supliquemos también a Dios que los ángeles nos conduzcan hasta quienes tienen un buen corazón (Mat. 10:11-13; Rev. 14:6). Un hermano llamado Robert, que lleva más de treinta años de precursor, dice: “Es emocionante colaborar con los ángeles, que saben lo que ocurre en la vida de las personas”. Y, tercero, procuremos ver lo bueno en la gente. Un anciano llamado Carl, que se bautizó hace más de cincuenta años, indica: “Busco cualquier pequeño detalle que revele que la persona tiene un buen corazón, como una sonrisa, una mirada amable o una pregunta sincera”. Si hacemos estas cosas, seguiremos produciendo fruto, igual que Pablo.

“NO DEJES DESCANSAR LA MANO”

16, 17. a) ¿Qué lección podemos aprender de lo que dice Eclesiastés 11:6? b) Dé un ejemplo del efecto que puede tener nuestra obra en quienes nos observan.
16 Aunque a veces nos parezca que el mensaje que predicamos no echa raíces en el corazón de la gente, no debemos quitarle importancia al efecto que tiene nuestra obra de sembrar la semilla (lea Eclesiastés 11:6). Es verdad que muchas personas no nos escuchan, pero sí se fijan en nosotros. Ven que vamos bien vestidos, que somos educados y que siempre llevamos una sonrisa en la cara. Es posible que con el tiempo nuestra conducta haga que algunos se replanteen la mala opinión que tienen sobre nosotros. Eso fue lo que notaron Sergio y Olinda, mencionados en el primer párrafo.
17 Él cuenta: “No fuimos a la plaza durante cierto tiempo porque estuvimos enfermos. Cuando regresamos, las personas nos preguntaban qué nos había pasado y nos decían que nos habían extrañado”. Y Olinda añade con una sonrisa: “Los conductores de autobús nos saludaban y algunos nos decían desde su asiento: ‘Buen trabajo’. Hasta nos pedían las revistas”. Un día, este matrimonio se llevó una sorpresa. Un hombre se detuvo junto a su carrito, les regaló un ramo de flores y les dio las gracias por su labor.
18. ¿Por qué está usted resuelto a dar “fruto con aguante”?
18 La Biblia dice: “No dejes descansar la mano”. Así es, mientras sigamos sembrando la semilla del Reino, aportaremos nuestro valioso granito de arena a la obra de dar “testimonio a todas las naciones” (Mat. 24:14). Sobre todo, sentiremos la gran alegría de saber que tenemos la aprobación de Jehová, pues él ama a todos los que “llevan fruto con aguante”.
Como anotaron los cuatro evangelistas, hasta Cristo reconoció que predicar “en su propio territorio” era difícil (Mat. 13:57; Mar. 6:4; Luc. 4:24; Juan 4:44).
Aunque aquí las ramas son los cristianos que esperan vivir en el cielo, todos los siervos de Dios podemos encontrar en este pasaje lecciones provechosas.
Llevar o dar fruto también puede referirse a producir “el fruto del espíritu”. Sin embargo, tanto en este artículo como en el siguiente, nos centraremos en la idea de producir “el fruto de labios”, esto es, predicar el mensaje del Reino (Gál. 5:22, 23; Heb. 13:15).
En otras ocasiones, Jesús comparó la obra de hacer discípulos con las labores de sembrar y cosechar (Mat. 9:37; Juan 4:35-38).

Macpela.

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