martes, 10 de julio de 2018

Miércoles 11 de julio Con la esposa de tu juventud que nadie trate traidoramente (Mal. 2:15).


Miércoles 11 de julio


Con la esposa de tu juventud que nadie trate traidoramente (Mal. 2:15).
Hoy día, no se tolera este tipo de traición en el pueblo de Dios. Ahora bien, supongamos que alguien bautizado comete adulterio con una persona casada, se divorcia y se casa con esa persona. Si no se arrepiente, es expulsado para mantener la pureza espiritual de la congregación (1 Cor. 5:11-13). Antes de ser aceptado de nuevo en la congregación, tiene que producir “frutos propios del arrepentimiento” (Luc. 3:8; 2 Cor. 2:5-10). Este tipo de traición, que ocurre rara vez en el pueblo de Dios, no puede pasarse por alto. No hay un plazo establecido para que el expulsado pueda ser readmitido. Pero podría tomarle bastante tiempo —un año o más— demostrar que está arrepentido de verdad. Y, aunque la persona sea readmitida, todavía deberá rendir cuentas “ante el tribunal de Dios” en cuanto a si su arrepentimiento es sincero (Rom. 14:10-12). w16.08 1:12, 13

(Malaquías 2:15)  Y hubo uno que no [lo] hizo, porque tenía lo que quedaba de[l] espíritu. ¿Y qué buscaba ese? La descendencia de Dios. Y ustedes tienen que guardarse respecto a su espíritu, y con la esposa de tu juventud que nadie trate traidoramente.
(1 Corintios 5:11-13)  Pero ahora les escribo que cesen de mezclarse en la compañía de cualquiera que, llamándose hermano, sea fornicador, o persona dominada por la avidez, o idólatra, o injuriador, o borracho, o que practique extorsión, y ni siquiera coman con tal hombre. 12 Pues, ¿qué tengo yo que ver con juzgar a los de afuera? ¿No juzgan ustedes a los de adentro, 13 mientras Dios juzga a los de afuera? “Remuevan al [hombre] inicuo de entre ustedes.”
(Lucas 3:8)  Por lo tanto, produzcan frutos propios del arrepentimiento. Y no comiencen a decir dentro de sí: ‘Por padre tenemos a Abrahán’. Porque les digo que Dios tiene poder para levantar de estas piedras hijos a Abrahán.
(2 Corintios 2:5-10)  Ahora bien, si alguien ha causado tristeza, ese no me ha entristecido a mí, sino a todos ustedes hasta cierto grado —para no ser demasiado severo en lo que digo—. 6 Esta reprensión dada por la mayoría es suficiente para tal hombre, 7 de modo que, al contrario ahora, deben perdonar[lo] bondadosamente y consolar[lo], para que de un modo u otro tal hombre no sea tragado por hallarse demasiado triste. 8 Por lo tanto, los exhorto a que confirmen su amor para con él. 9 Pues con este objeto también escribo para conseguir la prueba de lo que ustedes son, si es que son obedientes en todas las cosas. 10 Cualquier cosa que le perdonen bondadosamente a cualquiera, yo también se la perdono. De hecho, en cuanto a mí, lo que yo he perdonado bondadosamente, si es que bondadosamente he perdonado algo, ha sido por causa de ustedes a vista de Cristo;
(Romanos 14:10-12)  Pero ¿por qué juzgas a tu hermano? ¿O por qué también menosprecias a tu hermano? Pues todos estaremos de pie ante el tribunal de Dios; 11 porque está escrito: “‘Tan ciertamente como que vivo yo —dice Jehová—, ante mí toda rodilla se doblará, y toda lengua hará reconocimiento abierto a Dios’”. 12 De manera que cada uno de nosotros rendirá cuenta de sí mismo a Dios.


12, 13. a) ¿Cómo trataban a sus esposas algunos judíos del tiempo de Malaquías? b) ¿Qué pasa si alguien bautizado comete adulterio con una persona casada y se casa con ella?
12 En el tiempo del profeta Malaquías, muchos judíos traicionaban a sus esposas. Ponían cualquier pretexto para divorciarse de ellas. Se libraban de la esposa de su juventud, quizás para casarse con una mujer más joven o con una pagana. Cuando Jesús estuvo en la Tierra, los judíos seguían traicionando a sus esposas divorciándose “por toda suerte de motivo” (Mat. 19:3). Jehová odiaba esa clase de divorcio (lea Malaquías 2:13-16).
13 Hoy día, tampoco se tolera este tipo de traición en el pueblo de Dios. Ahora bien, supongamos que alguien bautizado comete adulterio con una persona casada, se divorcia y se casa con esa persona. Si no se arrepiente, es expulsado para mantener la pureza espiritual de la congregación (1 Cor. 5:11-13). Antes de ser aceptado de nuevo en la congregación, tiene que producir “frutos propios del arrepentimiento” (Luc. 3:8; 2 Cor. 2:5-10). Este tipo de traición, que ocurre rara vez en el pueblo de Dios, no puede pasarse por alto. No hay un plazo establecido para que el expulsado pueda ser readmitido. Pero podría tomarle bastante tiempo —un año o más— demostrar que está arrepentido de verdad. Y, aunque la persona sea readmitida, todavía deberá rendir cuentas “ante el tribunal de Dios” en cuanto a si su arrepentimiento es sincero (Rom. 14:10-12; vea La Atalaya del 15 de febrero de 1980, páginas 29-31).

Macpela.

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